Noviembre 2006


Esto es lo que nosotros probamos durante el viaje, nos gustó casi todo, la comida peruana un 10!

Comidas

Juanes Los compramos en Sepahua, en uno de los restaurantes “ambulantes” del pueblo. Los comimos en el Anaconda junto con Eloina, Adolfo y Pilar.

Chifles. Son como patatas chips pero de platano “macho”, muy facil de encontrar en España. Riquiiiisimos.

Yuca. También es fácil de conseguir. Es un tubérculo. Se puede hacer de muchas maneras. Nosotros las probamos en Sepahua hervidas y fritas y en Puija solo hervidas, el los dos casos saben muy bien.

Rocoto Relleno. Lo probamos en Pisac. Son como pimientos picantes rellenos de carne. Muy

Paparasca. Es pescado con ají y envuelto en hojas de plátano. Comimos mucho pescado del Urubamba. Sobre todo doncella que sabia a pollo. Otro pescado de curioso nombre era el papachico.

Causa Rellena con Atún. Nos hicieron un día en el alberge. Estaba muy bueno.

Papa a la Huancaína. Buenas. Son patatas con salsa amarilla fosforito, las probamos en el mercado de Pisac.

Alpaca. Es el cordero, lo hacen de muchas formas. Lo probamos en Pisac.

Lomo saltado. Lo probamos en Lima en un restaurante enfrente de la iglesia de San francisco. También lo probamos en Puno. En los dos sitios bastante bueno.

Cebiche de mariscos. Lo probamos en Lima en un restaurante enfrente de la iglesia de San francisco y la verdad fue lo que menos nos gustó aunque seguro que hay restaurantes que lo hacen riquísimo, nosotros no tuvimos suerte. Le ponen ají.

Cuy Chactado. O tambien conocido como conejillo de indias. Creia que no seria capaz pero ¡lo hice! El sabor no estaba mal pero la piel era algo gelatinosa. En general una vez y no más.

No tuvimos valor de comer Anticuchos de Corazón. En Pisac casí caimos pero realmente el aspecto era… ejem.

Sopa de quinua. La probamos en casa de Anselma y de Celestina en la isla de Amantaní. Nos prepararon la sopa con diferentes tipos de papas (camotes, dulces, naranjas, amarillas…), habas y esta especie de sémola que llamada quinua.

Ají amarillo. Lo utilizan en muchos platos. Realmente picante.

Palillo. Es un colorante natural.

Nos faltó probar la Pachamanca. Lo dejamos para otro viajes a Perú.

Postres

Suspiro Limeño Demasiado dulce, lo probamos, como no, en Lima.

Maní. Es como un cacahuete. Rico.

Hay piñas, platanos, aguacates (o platas), cocos, papayas, manzanas raras, sandias, mandarinas muy agrias, pomelos, limas…

Jugos. Muy buenos. En los mercados hay mini jugerías, donde te hacen ricos jugos de fruta al instante. A veces mezclan la fruta con cerveza o licor…

Bebidas

Cerveza cusqueña negra. Mmmmm bueníiiiisma. Era muy diferente a la cerveza negra que encontramos aquí que suele ser más fuerte en sabor a las normales. Esta es dulce, nos encantó. Podrían importarlas.

Chicha. Es una especie de cerveza. No tan buena, por decirlo suave. Pero la experiencia fue única, la verdad. La probamos en Ollataytambo. El las puertas de las casas donde hacen chicha ponen un palo con un papel rojo (como una antrocha). Una señora nos recomendó el lugar donde hacian la mejor chicha del pueblo y fuimos. Recuerdo 3 hombre riendose de nosotros y de nuestras caras al probarla. Recuerdo una conversación “peculiar” sobre Isabel Pantoja con esos tres hombre y por último recuerdo una “ratita” pasear plácidamante por la casa.

Pisco Sour. Bueniiisimo. Lo probamos a eso de las 10 de la mañana en Lima, en un bar en la plaza “” . Durante un buen rato fuimos calentitos por Lima que falta nos hacía. Vaya frio en Lima, acostumbrados a la Selva.

Chicha Morada. También riquisima. Lo probamos en Piuja (el pueblo de Esdras). También lo venden embotellado tipo refreco.

Inka-Cola. Qué decir! Los peruanos se sienten orgullosos de su bebida propia. Incluso patrocina las casetas donde se ponen los policias de tráfico en Lima. Es muy curioso tanto el gusto (a chicle) como el aspecto (parece anticongelante)

Masato. La manera tradicional de preparar esta bebida era masticar la yuca y luego escupirla para que esta fermente… Confio en que el que probamos en cada comunidad no estuviera hecho así, glups. En la selva se toma cuando hay festejos, cuando vienen visitantes… En algunas etnias, rechazar un vaso de masato lo toman como un gran desprecio

El trayecto de Puno a Cusco lo hicimos en bus-cama con la empresa San Luis, poco recomendable y vereis porqué.

Solo llegar y aunque no sea lo más importante, los sillones nos defraudaron un poquitín… pensábamos dormir a pierna suelta, pero uno de los dos asientos no tenia reposa pies. Jordi se quedó con el peor sitio, el que quedaba no era mucho mejor pero, al menos, estaba alejada de un alemán que comenzó con sus ronquidos solo empezar el viaje. Éramos en total 6 turistas (2 alemanes, 2 de Nueva Zelanda y nosotros 2) y dos peruanos.

Al llegar a Juliaca, ciudad donde llegamos en avion desde Lima dos días antes, aunque entredormidos se podían ver a mujeres que nos ofrecían torta o maiz inflado dulce y un un chico y una chica que de manera intercalada anunciaban a grito limpio la inminente salida del bus… ¡Cusco, Cusco!

Pasamos un buen rato parados y viendo como cargaban innumerables maletas, cajas y bultos varios al maletero. No sé si por esta sobrecarga, el bus durante 10 minutos no pasó de 10 km/h a lo sumo (pensé apesandumbrada que esa sería la constante durante todo el viaje) Claro que me equivoqué y poco a poco el bus fue despertando al mismo tiempo que yo iba adormeciendo plácidamente luchando con el remordimento que sentia de haberle dejado el peor sitio a Jordi, pensé en más tarde ofercele un cambio.

De pronto un gran alboroto me despertó. Al mirar a Jordi no encontré respuesta. No entendiamos qué estaba pasando. El bus estaba parado en alguna estación (más tarde descubrimos que era Sicuani) y no se sabia porqué algunos peruanos no habian dejado que continuara su camino. Sentí un gran miedo. Pensé que estábamos en un grave problema.

El inglés con el que habiamos comido ese día en la isla de Taquile nos explicó lo que pasaba. Entró apresuradamente en en departamento y comentó extenuado que en el piso de arriba les habian robado todo, y que revisáramos rápidamente nuestras mochilas. Ahhhh! bueno…. entonces imposible, aquí nos habiamos salvado. El departamento estaba perfectamente iluminado, no habia espacio, la puerta de entrada se atascaba y Jordi casi no habia dormido. Aquí no habia entrado nadie, seguro…

¿Seguro? Me pregunté cuando el aleman abrió el maletín que estaba detras suyo, entre la pared de final del bus y de su asiento donde guardaba una gran cámara a juzgar por el tamaño de éste. A los de Nueva Zelanda, un chico y una chica tambien les faltaba la cámara y dinero. ¡¡¡No podía ser!!! Efectivamente en nuestras mochilas tampoco estaba la cámara. Para tranquilizarme pensé que por precaución la habia dejado en las maletas que estaban en el portaequipaje. Tenia que localizarlas.

Costó que nos dejaran salir del bus, cuando lo hice fui en busca del conductor y lo convencí de que tenia que abrir el maletero y buscar mi maleta. Tarea complicada… miles de bultos y las nuestras muy provablemente detrás de todo. Subió al maletero y desapareció entre el equipaje.

Habia pasado mucho rato, la policia ya estaba poniendo orden y nos hacia sentir un poquito más seguros. La gente gritaba e insultaba a los ladrones que habian localizado hábilmente el inglés y sus compañeros de viaje. Al fín ví nuestra cámara en manos de un policia.

Parecia que todo habia acabado ya que tambien habian encontrado la camara del chico de Nueva Zelanda, pero no. Nos llevaron a una salita de la estación donde tuvimos que aguantar una redacción de acta estrambótica. Al menos una o dos horas más con la gente del autobús protestando y aquellos policías redactando minuciosamente el acta. Fue una situación cómica, graciosa. No tenian papel, tuvimos que dejarles nosotros. Internamente suplicaba que nos dieran la copia, lástima que no fue así. Tanto nosotros como el de Nueva Zelanda estabamos perplejos ante la situación.

Lo más triste fue imaginar la vida del chico al que encontraron con nuestra cámara. En su cartera apareció entre otros documentos 1 sol antiguo, fuera de circulación, el policia malo lo hizo pasar a una habitación y se oyeron varias bofetadas… los tres reaccionamos y todos queríamos protestar pero egoístamente todos pensamos que no era buena idea. Queremos pensar que es lo mejor que le podía pasar al chico, seguramente que todo quedaba en eso, en unas bofetadas y a la mañana siguiente lo dejarian libre, entrar en las cárceles de muchos paises de iberoamérica sería un trance dificil de superar para un chico que seguro no llegaba a 16 años.

Cuando todo estuvo arreglado y ya nos íbamos, el policía bueno me dio una notita sin que nadie se diera cuenta con el teléfono de su hermano Jorge que vive en Valencia. “Llama a mi hermano, que hace mucho que no hablo con él” – me dijo. Hace poco encontré el papel por casualidad, y decidí llamarlo. Suerte que lo hice, por que creo que hice muy feliz a Jorge. Saber que tu hermano, con el que hace mucho que no hablas, está bien, piensa en tí y además se inteta poner en contacto contigo de una manera tan original, es para alegrase, ¿no? Solo por esto, valió la pena pasar tanta angustia en Sicuani.

Una noche, alrededor del fuego, sobrecogidos por los innumerables sonidos de la selva y mientras unas hormigas nos atacaban sigilosamente, Adrián nos dejó embobados como niños contándonos como solo él sabe alguno de su larga lista de cuentos. Este es uno de ellos:

Cuentan que hace muchísimos años se reunieron algunos sentimientos y algunas cualidades del hombre. Cuando el Aburrimiento bostezaba por tercera vez, la Locura propuso: vamos a jugar a las escondidas.

La Intriga se levanto extrañada, y la Curiosidad, sin poder contenerse, pregunto: ¿A las escondidas? ¿Y eso como es?

“Es un juego en donde yo me tapo la cara y comienzo a contar, desde el uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden. Cuando termine de contar, los buscare hasta que los encuentre”, explico la Locura.

El Entusiasmo bailo de contento y la Alegría dio saltos que termino de convencer a la Duda, e incluso a la Indiferencia, a la que nunca le interesaba nada.

Pero no todos quisieron participar.

La Verdad prefirió no esconderse. ¿Para que?, si al final siempre la hallaban.

La soberbia pensó que era un juego muy tonto. En el fondo lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella. Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

La Locura rápidamente comenzó a contar.

La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre, se dejo caer en la primera piedra que encontró.

La Envidia se fue detrás del Triunfo, quien por su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol mas alto.

La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse. Cada sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos

El lago cristalino para la Belleza.

La hendija de un árbol era perfecto para la Timidez.

Una ráfaga de viento le parecía magnifica para la Libertad.

Por fin después de pensar primero en todos, la Generosidad termino ocultándose en un rayito de sol.

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio. Era ventilado, cómodo, pero solo para el.

La Mentira se escondió detrás del arco iris.

Y la Pasión y el Deseo, entre los volcanes.

Cuando la Locura ya casi terminaba de contar, el Amor aun no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo estaba ocupado.

Hasta que al fin vio un rosal y decidió esconderse entre sus flores.

“¡Un millón!”, dijo la locura. Y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza que estaba a solo tres pasos.

A la Pasión y el Deseo, los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró la Envidia. Y claro también encontró al triunfo.

Al Egoísmo no tubo ni que buscarlo, pues el solito salio de su escondite que resulto ser un nido de avispas.

La Locura de tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza.

Encontrar a la duda fue mucho mas fácil. La encontró sentada aun sin poder decidir a donde se iba a esconder.

Así fue encontrando a todos

El Talento estaba entre la hierba fresca

La Angustia, en una oscura cueva.

La Mentira, detrás del arco iris.

Y hasta encontró el Olvido, que se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.

Pero solo el Amor no aparecía por ningún lado.

La Locura busco detrás de cada árbol, bajo cada arroyo de la tierra, en las cimas de las montañas.
Y cuando estaba por darse por vencida, vio el rosal.

Tomo un pequeño palo y comenzó a mover las ramas. De pronto escucho un doloroso grito.

Las espinas habían herido los ojos del Amor.

La Locura no sabia que hacer para disculparse. Lloro, rogó, imploro, pidió perdón y hasta prometió acompañarlo siempre.

Desde entonces el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña.

Por eso dicen que “amar es una locura, a menos de que se ame con locura”.

Os recomiendo que si vais alguna vez a Perú o Bolivia os gustará el libro “El origen perdido” de Matilde Asensi. Lo leimos al volver y creo que es mejor así. Cuando describe la selva lo hace perfectamente, volvimos a Sepahua por instantes, snif, snif.