El cielo se aclaró y mientras estábamos comiendo un pollo con patatas, vino el piloto Enrique (7000 horas de vuelo) a buscarnos para salir. Para transportar los 13 pasajeros que somos necesitabamos 3 vuelos. Al final sólo daba tiempo de hacer uno. En este primer vuelo íbamos Josefa (Salamanca-Madrid), Alberto (gallego residente en Madrid), Leticia (madrileña) y nosotros dos.
Llegamos al hangar dónde estaba la avioneta. El aeropuerto de Satipo se reducia a este hangar que tan sólo tenía una radio y la pista de tierra más pequeña que hemos visto nunca. Allí habia unas invitadas de excepción (las vacas) que coordinaban losvuelos de la pista. Increiblemente la avioneta despegó.
El trayecto duraba 1 hora, sobrevolando selva. Cruzamos los ríos Tambo y Urubamba. Se veían diferentes fuegos controlados a la selva para hacer ‘chacras’. El humo se paraba en las nubes y dejaba una linia en el horizonte muy marcada que quedaría allí hasta que llegara la próxima lluvia. Enrique nos explicó el cuadro de mandos dónde se veía que volábamos a 5000 pies e ibamos a una velocidad de 200 km/h. La avioneta nos dejo en Sepahua. Nos esperaba en la pista Nati, padre Ignacio (padrecito) y algunos nativos del pueblo.